En septiembre de 2025, Alexandre Tombini, representante jefe del BIS para las Américas, destacó la acelerada evolución de los sistemas de pago en la región, indicando que más de 15 jurisdicciones de América Latina y el Caribe ya habían adoptado sistemas de pagos inmediatos. Entre ellas están Brasil, México, Perú, Argentina, Costa Rica y, más recientemente, Colombia con Bre-B.
El dato importa porque muestra que la transformación de los pagos no está concentrada en una única tecnología de pagos ni en unos pocos mercados. La región está incorporando distintas formas de mover dinero con mayor velocidad, mientras continúan creciendo otras alternativas como wallets, transferencias cuenta a cuenta y pagos iniciados mediante códigos QR.
Para las instituciones financieras, esto plantea un reto diferente al de simplemente incorporar un nuevo medio de pago. La infraestructura debe poder acompañar un mercado que suma alternativas sin obligar a reconstruir la operación cada vez que aparece una nueva.
Una nueva opción no debería exigir una nueva arquitectura
Cada modalidad de pago puede traer consigo reglas, conexiones y requerimientos particulares. El problema aparece cuando esas particularidades terminan replicándose en diferentes partes de la infraestructura.
Una institución puede incorporar un nuevo servicio y resolver inicialmente sus necesidades de conexión, pero si cada nueva alternativa requiere desarrollar capacidades similares desde cero, mantener la operación se vuelve progresivamente más complejo.
La arquitectura empieza a jugar entonces un papel estratégico. Una estructura modular puede separar las características específicas de cada servicio de las capacidades que deben permanecer comunes, facilitando la incorporación de nuevas opciones sin alterar innecesariamente aquello que ya funciona.
Esto resulta especialmente relevante en un escenario donde los pagos rápidos están ganando presencia. La pregunta para las instituciones no es únicamente qué alternativa incorporar, sino qué tan preparada está su infraestructura para incorporar la siguiente.
La diversidad también necesita una lógica común
La evolución del mercado no significa que una nueva modalidad vaya a reemplazar inmediatamente a las anteriores. Durante los próximos años, es probable que diferentes medios continúen coexistiendo y atendiendo necesidades distintas.
Eso aumenta la importancia de contar con una capa capaz de gestionar esa diversidad. Una capa de orquestación o hub de pagos permite sacar de los core capacidades como orquestación inteligente. El desafío ya no es simplemente conectar sistemas; es decidir, en tiempo real, cómo debe procesarse cada transacción, por qué ruta, bajo qué reglas, con qué contingencia y con qué nivel de servicio. El core, entonces, puede concentrarse en aquello para lo que fue diseñado y la capa de orquestación administra un ecosistema que cambia mucho más rápido.
La ventaja no está en centralizar todo por el simple hecho de centralizar, está en evitar que cada nueva alternativa cree una estructura independiente alrededor de sí misma.
De esta forma, la incorporación de un nuevo servicio puede responder a una decisión de negocio, por ejemplo, atender una nueva preferencia de los usuarios o entrar en un mercado, sin quedar condicionada por la necesidad de modificar múltiples capas de la infraestructura.
Prepararse para lo que todavía no existe
La evolución de los pagos tampoco termina en los sistemas que conocemos actualmente. El BIS plantea que el futuro del sistema financiero estará marcado por una mayor digitalización, interconexión y, potencialmente, por desarrollos como la tokenización. En su análisis de marzo de 2026, destaca iniciativas que buscan conectar dinero bancario tokenizado y reservas de bancos centrales para habilitar nuevas posibilidades en pagos transfronterizos.
No significa que una institución deba implementar cada nueva tecnología que aparece en el mercado, significa que su arquitectura debería poder adaptarse cuando exista una oportunidad concreta de negocio.
La flexibilidad, en este contexto, no consiste en tener todas las opciones disponibles, consiste en poder incorporar una nueva sin que cada decisión implique rediseñar la infraestructura existente.
Orquestar para evolucionar
AZ7® actúa bajo esa lógica como una plataforma de orquestación que permite conectar y gestionar diferentes componentes de una operación de pagos desde una arquitectura modular.
La solución busca que la incorporación de nuevas capacidades pueda realizarse sobre una estructura común, manteniendo separadas las particularidades de los diferentes servicios y conexiones. En CLAI PAYMENTS® Technologies esa es precisamente la lógica que hemos desarrollado alrededor de AZ7® como Hub de Orquestación de Pagos: no obligar a reemplazar todo lo existente, sino crear una capa capaz de conectarlo, gobernarlo y hacerlo evolucionar. Desde resiliencia, esto tiene un impacto enorme: puedes tener rutas alternativas, arquitecturas activo-activo, mecanismos de contingencia y menor radio de impacto ante una falla.
En otras palabras, no solo gana flexibilidad, también se reduce la cantidad de veces que tienes que tocar el corazón de la operación para innovar.
Para instituciones que operan con múltiples productos, mercados o modelos de pago, esta capacidad puede marcar una diferencia: permite evaluar nuevas alternativas desde las necesidades del negocio, sin que la infraestructura existente se convierta en el principal límite para incorporarlas.
La próxima ola de pagos probablemente no llegará como una única tecnología que sustituya a todas las anteriores. Será, más bien, una convivencia cada vez mayor de alternativas, con diferentes niveles de adopción y aplicaciones. Estar preparado no significa saber cuál será la próxima, sino contar con una arquitectura capaz de incorporarla cuando llegue.
Si usted quiere contar con esta infraestructura en su negocio, déjenos sus datos a continuación y un agente especializado se contactará con usted.