La llegada de nuevos bancos digitales está cambiando el ritmo de competencia en los servicios financieros. Su capacidad para lanzar y ajustar productos con rapidez está elevando las expectativas sobre qué tan rápido una entidad puede pasar de una idea a una oferta disponible para sus clientes.
El ingreso de Revolut a Colombia es una muestra reciente de esta dinámica. Tras obtener la autorización de funcionamiento, la entidad anunció una oferta que contempla cuentas, ahorro, diferentes opciones de tarjetas y crédito. Más allá de este caso, movimientos como este muestran que la velocidad con la que una entidad puede estructurar y poner en marcha nuevos productos empieza a formar parte de la competencia.
Para los bancos que ya operan en el mercado, esto plantea una pregunta cada vez más relevante: ¿qué tan rápido pueden convertir una nueva propuesta en un producto operativo y seguir ajustándolo después de su lanzamiento?
La respuesta no depende únicamente de la capacidad de un equipo para desarrollar una idea, también depende de la infraestructura que debe sostenerla.
La idea puede avanzar más rápido que la infraestructura
Diseñar un nuevo producto financiero implica mucho más que definir sus características comerciales.
Hay que configurar productos, reglas, perfiles, procesos de emisión, transacciones, canales, controles de seguridad y mecanismos de validación. Si cada modificación exige intervenir varios sistemas altamente dependientes entre sí, el tiempo de lanzamiento crece aunque la idea esté lista.
La arquitectura se convierte así en parte de la velocidad de negocio.
McKinsey señala que las arquitecturas modulares permiten realizar cambios localizados con mayor rapidez y facilidad de prueba y lanzamiento. En uno de sus análisis, estima que una plataforma de productos ligera, configurable y modular puede llevar un nuevo producto del concepto al lanzamiento en dos o tres meses, frente a seis meses o más en organizaciones condicionadas por tecnología legacy.
Lanzar rápido también significa cambiar sin detener la operación
La velocidad no consiste únicamente en llegar antes al mercado. Un banco necesita poder introducir una nueva tarjeta, modificar una regla, habilitar una funcionalidad o incorporar una nueva ruta de procesamiento sin convertir cada cambio en un proyecto de transformación tecnológica.
Esto es especialmente relevante cuando los productos deben evolucionar después de su lanzamiento. La capacidad de configurar, ajustar y probar componentes de forma independiente permite responder a nuevas necesidades sin alterar innecesariamente aquello que ya funciona.
Por eso, modernizar la infraestructura no necesariamente significa reemplazar todo. Puede significar reducir las dependencias entre componentes para que cada cambio tenga un alcance más controlado.
El lanzamiento también se juega en las pruebas
Hay otro punto que suele quedar fuera de la conversación sobre time to market: un producto no está listo cuando termina su desarrollo.
Antes de llegar al cliente, deben comprobarse escenarios de autorización, rechazo, reverso, errores, diferentes canales y respuestas de los sistemas involucrados. Si cada prueba requiere movilizar equipos especializados o intervenir directamente sobre ambientes productivos, la velocidad de lanzamiento vuelve a depender de procesos que no necesariamente están diseñados para iterar con rapidez.
La capacidad de probar de forma repetible y sobre diferentes escenarios se convierte, entonces, en parte de la infraestructura necesaria para innovar.
No se trata de probar menos para salir más rápido, se trata de hacer posible probar más sin convertir cada lanzamiento en una operación excepcional.
La seguridad también tiene que acompañar la velocidad
A medida que los productos se lanzan y modifican con mayor frecuencia, la protección de la información y la criptografía no puede quedar separada del proceso de innovación.
Una arquitectura preparada para acelerar el lanzamiento necesita incorporar seguridad desde sus componentes fundamentales, de manera que agregar o modificar capacidades no implique reconstruir la protección de la operación cada vez.
La velocidad sostenible aparece cuando desarrollo, procesamiento, pruebas y seguridad pueden evolucionar sin generar dependencias innecesarias entre sí.
La velocidad empieza en la arquitectura
Para los bancos tradicionales, responder al nuevo ritmo del mercado no consiste simplemente en desarrollar productos con mayor rapidez. Consiste en contar con una infraestructura que permita convertir esa capacidad de respuesta en una práctica repetible.
En este sentido, CLAI PAYMENTS® Technologies integra capacidades que acompañan distintas etapas de ese proceso. EVERYCARD® permite gestionar la emisión y el ciclo de vida de los productos de tarjetas; AZ7® permite orquestar las transacciones y conectar las distintas rutas y reglas que intervienen en su procesamiento; CRYPTGRID™ incorpora la protección de las claves y los datos criptográficos; y PAYTESTER® permite reproducir transaccionalmente operaciones de canales físicos y digitales para validar escenarios antes de llevarlos a producción.
La combinación de estas capacidades permite que el lanzamiento de un producto no dependa de modificar toda la infraestructura cada vez que aparece una nueva necesidad.
La velocidad para innovar no se construye únicamente acelerando los proyectos, se construye haciendo que la infraestructura pueda cambiar al mismo ritmo que el negocio. Si su negocio está listo para dar el siguiente paso en velocidad, modularidad e integración de su ecosistema de pagos, déjenos sus datos a continuación y un agente especializado se contactará con usted.