Open Finance en Latinoamérica: entre la promesa de apertura y el reto de la confianza

El Open Finance en Latinoamérica promete transformar el sistema financiero mediante la apertura de datos y nuevos modelos de servicios. Sin embargo, su implementación también plantea desafíos clave en materia de confianza, protección de la información y regulación en la región.

Durante años, el concepto de Open Banking se presentó como el siguiente gran paso en la transformación del sistema financiero. En esencia, este modelo buscaba permitir que los usuarios compartieran la información de sus cuentas bancarias con terceros autorizados, generalmente fintechs u otros proveedores de servicios financieros, a través de interfaces seguras, para acceder a nuevos productos, iniciar pagos o comparar ofertas.

Con el tiempo, esta idea evolucionó hacia un concepto más amplio: Open Finance. A diferencia del Open Banking, que se centra principalmente en la información bancaria, el Open Finance amplía el alcance del intercambio de datos a otros productos y servicios financieros como créditos, inversiones, seguros, pensiones e incluso información transaccional que permite entender mejor el comportamiento financiero de los usuarios.

En este contexto, el concepto de Open Banking, hoy evolucionado hacia Open Finance, se ha presentado como el siguiente gran paso en la transformación del sistema financiero. La narrativa es potente: los datos son del usuario, la competencia aumenta, los servicios se personalizan y la inclusión financiera deja de ser una meta para convertirse en una posibilidad real.

Sin embargo, en medio del debate regulatorio que hoy vive Colombia y varios países en la región en esta materia y del avance desigual en la región, vale la pena detenerse en una pregunta: ¿estamos construyendo un modelo que empodera al usuario o estamos abriendo la puerta a riesgos de vulneración de datos?

Open Finance y el intercambio de datos: cómo funciona el nuevo modelo financiero

El modelo de Open Finance propone que, con el consentimiento del cliente, diferentes entidades puedan acceder a su información financiera a través de infraestructuras seguras y estandarizadas. Si bien hoy ya existen mecanismos de consulta de información, como las centrales de historial crediticio, que permiten evaluar el comportamiento financiero de una persona, el alcance del Open Finance es potencialmente mucho mayor. Este modelo abre la puerta a entender de forma más amplia el entorno financiero de cada usuario, incluyendo pagos y consumos que ocurren por fuera del esquema bancario tradicional. En teoría, esto rompe los monopolios de la información, reduce las barreras de entrada y permite que nuevos actores desarrollen productos más competitivos y ajustados a las necesidades reales de las personas. En la práctica, la conversación es mucho más compleja.

Básicamente, en Open Finance los datos que pueden compartirse, siempre bajo autorización del usuario, pueden incluir información como movimientos de cuentas, historial de pagos, productos de crédito, tarjetas, ahorro, inversiones o seguros. La intención es que esta información permita construir servicios más personalizados, evaluaciones de riesgo más precisas y experiencias financieras más integradas entre diferentes proveedores.

Open Finance en Latinoamérica: avances, diferencias regulatorias y casos de referencia

Latinoamérica avanza, pero no de manera homogénea. Parte de este debate también se nutre de la experiencia internacional. Países como el Reino Unido y Australia, considerados pioneros en la implementación de estos modelos, han demostrado tanto el potencial como los desafíos del Open Finance, enfrentando ajustes en los tiempos de adopción y la necesidad de reforzar continuamente los estándares de seguridad y protección de datos. 

En la región, Brasil se ha convertido en el caso de referencia por volumen de transacciones y adopción del modelo. Parte de su éxito radica en una estrategia regulatoria progresiva liderada por el Banco Central, que primero impulsó la interoperabilidad de pagos instantáneos a través de Pix y posteriormente integró el modelo de Open Finance dentro de un ecosistema regulado y supervisado de forma centralizada. México fue pionero en regulación, aunque su implementación técnica ha sido más lenta de lo esperado; Chile ya definió un calendario claro, y Colombia se encuentra en un momento decisivo, en el que más que adoptar el modelo, está definiendo su arquitectura.

El verdadero desafío del Open Finance: confianza, consentimiento y control de los datos

Ese matiz es clave: Open Finance no es una tecnología, es una decisión de diseño del sistema financiero. En ese diseño, el discurso suele poner al usuario en el centro. Es él quien autoriza el uso de sus datos, quien puede cambiar de proveedor con mayor facilidad y quien debería beneficiarse de mejores condiciones. Pero ese ‘control’ plantea varias preguntas que aún no tienen respuestas claras.

¿El consentimiento es realmente informado o es una casilla más que se acepta para poder usar un servicio?

¿El usuario entiende el alcance de lo que está compartiendo? ¿Puede retirar ese permiso de forma simple y en tiempo real? ¿Existe educación financiera y digital suficiente para que la portabilidad de los datos sea sinónimo de libertad?

En una región donde la confianza en el sistema financiero sigue siendo frágil, asumir que la apertura de datos por sí sola genera valor es, cuando menos, optimista.

Competencia o concentración: el nuevo equilibrio en los sistemas financieros abiertos

El otro gran punto que merece más discusión es la concentración del poder. Open Finance nace con la promesa de aumentar la competencia, pero también puede terminar fortaleciendo a los actores que logren construir la mejor capa de experiencia de datos.

La pregunta entonces no es solo quién tiene los datos, sino quién construye la relación con el cliente. Si la interacción del usuario se traslada a plataformas que centralizan su vida financiera, el modelo podría cambiar de forma, pero no necesariamente de lógica. Pasaríamos de la concentración en productos a la concentración en interfaces.

Esto no invalida el potencial del Open Finance, de hecho, la posibilidad de usar datos alternativos para evaluar riesgo puede ampliar el acceso al crédito para personas que hoy no cuentan con historial financiero tradicional, la interoperabilidad puede reducir costos operativos y mejorar la experiencia del usuario, y la comparabilidad entre productos puede incentivar mercados más competitivos, sin embargo, nada de eso ocurre automáticamente.

Para que el modelo funcione como se promete, hay condiciones que no son tecnológicas, sino estructurales:

  • Marcos de protección de datos que realmente se puedan hacer cumplir.
 
  • Estándares claros de seguridad y responsabilidad entre los participantes.
 
  • Tokenización de datos para reforzar la seguridad de estos.
 
  • Esquemas de gobernanza del modelo.
 
  • Educación financiera y digital para los usuarios.
 

Sin estos elementos, la apertura puede quedarse en el plano técnico mientras el control real sigue estando en pocos actores.

El futuro del Open Finance en Latinoamérica: una discusión sobre confianza

El momento que vive Colombia es particularmente relevante porque aún hay espacio para decidir qué tipo de modelo se quiere construir. No se trata solo de cumplir con una tendencia global, sino de definir cómo se distribuye el valor en el sistema financiero de los próximos años.

Open Finance no debería medirse únicamente por el número de APIs disponibles o por la cantidad de integraciones realizadas. Su éxito debería evaluarse en función de preguntas más profundas: ¿mejora realmente la vida financiera de las personas? ¿reduce las asimetrías de información? ¿genera competencia efectiva? ¿le devuelve al usuario el control de sus datos o simplemente cambia de intermediario?

Desde nuestra posición como parte del ecosistema de pagos en Latinoamérica, vemos este momento como una oportunidad para abrir una conversación más amplia y honesta, no solo sobre la adopción del modelo que parece inevitable, sino sobre sus condiciones de implementación.

Porque la discusión de fondo no es tecnológica ni regulatoria, es una discusión sobre confianza, sobre control de la información y sobre la arquitectura del sistema financiero que queremos construir. Esa conversación apenas está comenzando.

Si quiere conocer más sobre las dinámicas actuales del mercado o integrar soluciones para su ecosistema financiero, déjenos sus datos a continuación y un agente especializado se contactará con usted.

16 marzo, 2026